Alfonso fue un hombre noble, trabajador y de un corazón inmenso. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás y tenía la capacidad de hacer sentir bien a quienes lo rodeaban con su sonrisa y su manera de ser. Amaba profundamente a su familia y tenía muchos sueños por cumplir junto a nosotros.
Su historia transformó la vida de muchas personas. A través de la donación de sus órganos, Alfonso dio esperanza a otras familias en uno de los momentos más difíciles de nuestras vidas. En medio de nuestro dolor, su generosidad permitió que otras personas recibieran una segunda oportunidad para vivir. Ese acto de amor es el legado más grande que nos dejó.
Aunque ya no está físicamente con nosotros, su recuerdo vive todos los días en nuestros corazones y en nuestra hija, Renata. Ella crecerá sabiendo que su papá fue un hombre valiente, amoroso y generoso, cuya vida trascendió al regalar vida a los demás.
Compartir su historia es nuestra forma de honrar su memoria y de agradecer que su legado continúa viviendo en cada persona a la que pudo ayudar. Alfonso siempre será nuestro héroe y el amor de nuestras vidas.